Ortiz Tejeda: Nosotros ya no somos los mismos

Por esta vez, la columneta cambia su formato. En vez de un extenso y único rollo, ahora presentará algunos rollitos que permiten tratar varios asuntos del momento. Comencemos por esa característica que es bastante usual entre un gran número de los miembros de la clase política de nuestros días: el desconocimiento del lenguaje. Sí, del nuestro, el de todos los días. Hoy quisiera ejemplificar con una de las expresiones que más han impactado en este momento. Se trata de la declaración conjunta de la llamada Alianza “Va por México”. Como es fácil observar, a la vibrante consigna, lema o convocatoria, no le vendría mal anotar expresamente al sujeto ejecutor de la acción (ir). Si decimos simplemente “va”, debemos entender que quien va es él o ella. Nada cuesta entonces, decir “La alianza, ¡va por México!” O, proclamar en plural, y ya con el pronombre correspondiente, ¡Vamos por México! Así entenderíamos claramente que son los ciudadanos que conforman la Alianza por México, quienes nos informan e invitan a ir por México, aunque no sepamos a dónde, ni para qué.

Ortiz Tejeda: Nosotros ya no somos los mismos
Ortiz Tejeda: Nosotros ya no somos los mismos | Fuente: La Jornada
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▲ A la vibrante consigna de la alianza, lema o convocatoria no le vendría mal anotar expresamente al sujeto ejecutor de la acción (ir).Foto Cristina Rodríguez
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or esta vez, la columneta cambia su formato. En vez de un extenso y único rollo, ahora presentará algunos rollitos que permiten tratar varios asuntos del momento. Comencemos por esa característica que es bastante usual entre un gran número de los miembros de la clase política de nuestros días: el desconocimiento del lenguaje. Sí, del nuestro, el de todos los días. Hoy quisiera ejemplificar con una de las expresiones que más han impactado en este momento. Se trata de la declaración conjunta de la llamada Alianza Va por México. Como es fácil observar, a la vibrante consigna, lema o convocatoria, no le vendría mal anotar expresamente al sujeto ejecutor de la acción (ir). Si decimos simplemente va, debemos entender que quien va es él o ella. Nada cuesta entonces, decir La alianza, ¡va por México! O, proclamar en plural, y ya con el pronombre correspondiente, ¡Vamos por México! Así entenderíamos claramente que son los ciudadanos que conforman la Alianza por México, quienes nos informan e invitan a ir por México, aunque no sepamos a dónde, ni para qué.

Pues, aunque la convocatoria no era muy clara, el susto que se llevaron millones de mexicanos fue mayúsculo. ¿Acaso los panistas amenazan con venir o con regresar? Esos sexenios fueron una prueba del Altísimo por el comportamiento de los pobladores de estos territorios hasta nuestros días. Primero, salvajes adoradores de cruentos y perversos ídolos. Luego, descreídos, apóstatas, paganos, herejes, agnósticos, libres pensadores, masones (creo que desde algunos años son una especie en extinción),uno que otro ateo, pero todos empedernidos defensores de la libertad de pensamiento, de conciencia, y aún de las más absurdas creencias o de ninguna. Muchos de los liberales de antaño son ahora (cada sexenio, menos disfrazados) los conversos de hogaño y, ya se sabe, de los renegados nos libre Dios. ¿Pues qué la docena trágica que vivimos cuando nos gobernó la terna de panistas no fue suficiente?

De pronto, esta disquisición es interrumpida por un miembro de la rabiosa multitud que suele hacer sus comentarios sobre el contenido de cada columneta aún antes de que aparezca y me reclama: ¿Cómo puedes decir que fueron tres los panistas que ocuparon, en dos sexenios, la Presidencia de la República si sólo fueron Fox y Calderón? Bueno, contesto: recuerda que el propio presidente Fox dijo ¿por qué se irritan si comparto el Poder Ejecutivo que gané en las urnas (afirmación que reconozco cierta) legalmente (afirmación sobre la que tengo zedillescas dudas)? Además, fue precisamente el primer presidente de México quien estableció el estatus de este ejercicio compartido, ¿o qué no lo ejercieron de esta manera el general Victoria y su esposa doña Guadalupe? Se acabó el sexenio y el alto vacío jamás se enteró de que el general Victoria, en realidad se llamaba José Miguel, Ramón Adaucto, Fernández y Félix, quien, en un arranque místico propio de los viejos tiempos, en un arrebato de fervor religioso, ofreció a la morenita del Tepeyac adoptar su nombre, si le ayudaba a ganar la batalla en la que estaba enfrascado. Como en esos entonces todas estas invocaciones tenían más valor que una declaración frente a una autoridad competente o un pío sacerdote, la historia de aquellos días las aceptó sin chistar: el general Fernández y Félix, se convirtió, en cumplimiento de su ofrenda, en don Guadalupe Victoria. Pensar que a quien ya denominamos como el alto vacío tuviera en su diminuto magín noticias al respecto es, igualmente, un despropósito.

Me quedan algunos renglones para referirme a la contribución de don Felipe Calderón al apocalipsis que vivimos, pero resulta que una intervención quirúrgica que me fue aplicada en el brazo derecho el día de ayer limita la movilidad necesaria para escribir más de lo hasta aquí realizado. Pido disculpas y, sin que suene a amenaza, les digo: me desquitaré en los próximos lunes.

Twitter: @ortiztejeda