José Cueli: Espectros: temblores

El temblor de este lunes 19 de septiembre resultó ser un visitante intempestivo, un revivir, un aparecido. Como fueron hace 37 años otro temblor similar hermanando a nuestro periódico La Jornada. Vaya que sigue el temblor dormido de estos acontecimientos.

José Cueli: Espectros: temblores
José Cueli: Espectros: temblores | Fuente: La Jornada
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l temblor de este lunes 19 de septiembre resultó ser un visitante intempestivo, un revivir, un aparecido. Como fueron hace 37 años otro temblor similar hermanando a nuestro periódico La Jornada. Vaya que sigue el temblor dormido de estos acontecimientos.

Lo vinculo al libro Espectros de Marx en esta línea de espectros con una frase enigmática: Quisiera aprender a vivir por fin, dice Cristina de Perretti, la crítica de Jacques Derrida, en el libro Espectrografía: El acento de búsqueda del posible emisor de la enigmática frase.

Javier Marías, el escritor español recién fallecido citado por Perretti en dicho texto al hablar del espectro, dice: Si es que existen, tengan por criterio contravenir los deseos de los inquilinos, apareciendo su presencia que no es deseada y escondiéndose si los espera y reclama. Aunque a veces se llega a algunos pactos (como en su libro Mañana en la batalla piensa en mí).

Perretti hace hincapié en aquello que nos acecha desde el principio del texto de Derrida y como un espectro se mantiene hasta la última página. Conjetura que quizá lo que esta frase quiere decirnos es que aprender a vivir es algo más que vivir lisa y llanamente.

Esto es aprender a vivir, una heterodidáctica entre vida y muerte, donde ya no podemos pensar la vida y la muerte por separado, habría que pensarla como devenir vida-muerte. Hay que pensar la muerte, e incluso pactar con ella. El espectro nos mira, nos concierne.

Cuando se acepta eso, se puede por fin aprender a vivir la heterodidáctica entre vida-muerte, que es, sin duda, la forma de aprender por fin a vivir de otra manera. Mejor, más justamente, pero con ellos, añade Jacques Derrida.

El filósofo francés aconseja aprender a vivir con los muertos, los espectros, los visitantes intempestivos del pasado e incluso los que aún no han llegado. La existencia del espectro se da en un tiempo, en el sentido hamletiano del tiempo, fuera de sus goznes. Semejante a lo que acontece con los sueños, que al decir de Freud no corren paralelos al tiempo lineal. Parte de nuestra existencia solidaria en el sueño correría y acogería a cuanto visitante intempestivo estuviese al encuentro del sueño.

Si pensamos por un momento en el despliegue fantasmático que tiene lugar en el proceso sicoanalítico cuando se cede la palabra al discurso del otro y la comprensión se abre dando paso a la simbolización y a la elaboración, se hará aún más evidente la necesidad de escuchar esas voces que siguen teniendo un efecto en el discurrir de la vida.

La visita imprevisible e intempestiva del otro, del espectro, reclama, según Derrida, una hospitalidad incondicional, infinita que de ser posible sólo puede tener lugar más allá de cualquier pacto, de cualquier intercambio; es decir, más allá del derecho y del saber, de la moral y la política.

Se ha hablado de coincidencia en las fechas y la espera de la ciencia dando resultados. No, es espectro, porque nunca sabemos cuándo aparecerá... por tanto... a fantasear con los espectros y a no dormir... y a morirse de miedo...

Y que se me aparece el espectro, con el nuevo temblor en la madrugada de ayer, cuando acababa de escribir este artículo.