Jorge Eduardo Navarrete: Pandemia: historiales comparados

Transcurridos más de dos años de pandemia activa, en este inicio del verano boreal aparecen con particular claridad las circunstancias variadas y en ocasiones contradictorias que marcan la actual etapa de su discurrir. Como quizá la más sobresaliente sea la creciente diferenciación de las experiencias nacionales, resulta aconsejable acudir al análisis comparativo de algunos de esos historiales nacionales. Dedicaré a esta confrontación la presente y algunas de las siguientes notas.

Jorge Eduardo Navarrete: Pandemia: historiales comparados
Jorge Eduardo Navarrete: Pandemia: historiales comparados | Fuente: La Jornada
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ranscurridos más de dos años de pandemia activa, en este inicio del verano boreal aparecen con particular claridad las circunstancias variadas y en ocasiones contradictorias que marcan la actual etapa de su discurrir. Como quizá la más sobresaliente sea la creciente diferenciación de las experiencias nacionales, resulta aconsejable acudir al análisis comparativo de algunos de esos historiales nacionales. Dedicaré a esta confrontación la presente y algunas de las siguientes notas.

Dadas las limitaciones de espacio, entre otras, parto de la selección más bien arbitraria de seis países: Alemania, Brasil, Sudcorea, España, Indonesia e Irán. Dos tienen población superior a 100 millones, y los otros cuatro, entre 50 y 100 millones. Ninguno podría ser considerado pequeño, aunque sólo dos alcanzan o superan los 2 millones de kilómetros cuadrados. Los seis se encuentran entre las 15 economías mayores medidas con paridad de poder adquisitivo. Se advierten importantes diferencias en la capacidad y calidad de sus sistemas públicos de salud. Todos, quizá con una excepción, parecen contar con recursos humanos calificados y con medios financieros suficientes para constituirse como estados de bienestar modernos y efectivos. Todos han tenido experiencias notorias y diversas con la pandemia y se distinguen por la forma en que sus gobiernos y sociedades administraron o vivieron los dos primeros años de la emergencia.

El número acumulado de personas infectadas por el virus SARS-CoV2 es la consecuencia más visible de la pandemia y, al menos en las primeras fases, una de las de mayor impacto público. Los seis países seleccionados se encuentran entre los 20 con el mayor número acumulado de enfermos de covid-19. Hacia finales de junio de 2022 ocupaban entre la tercera (Brasil con 31.6 millones) y la decimooctava (Indonesia, 6.1) posición. Otros dos (Alemania, 27.3; y Sudcorea, 18.3) se situaron entre los primeros 10, y los dos restantes (España, 12.6, e Irán, 7.2) en la segunda decena. Como siempre se ha hecho notar esta cifra no es un indicador útil de la gravedad relativa de la pandemia, pues depende, en gran medida, del tamaño de la población en riesgo: el número total de habitantes.

Otra estadística que impacta a la opinión pública –en algunos momentos más que la anterior– es el número total de decesos provocados directamente por la enfermedad. A este respecto, la experiencia de los países que aquí se comparan muestra enormes diferencias. En tanto que, según las estimaciones más recientes, la mayor población entre los seis (Indonesia, 273.5 millones) excede alrededor de seis veces a la menor (España, 47.4),el número más elevado de decesos (Brasil, 669 mil 65) es 27 veces superior al más reducido (Sudcorea, 24 mil 463). Esta colosal diferencia obedece a numerosos factores, desde el momento de inicio de la pandemia activa en uno y otro país hasta la extensión y efectividad de los servicios de salud.

Un tercer elemento genérico que conviene destacar es la vacunación. La OMS ofrece información, entre otros extremos, del número total de dosis aplicadas y del número de personas que han recibido el refuerzo (segunda o tercera dosis),en ambos casos por cada 100 habitantes. Cuatro de los seis muestran cifras superiores a 200 en el primer indicador (Sudcorea, 246; Alemania, 216; España, 215, y Brasil, 208). Si las vacunas se hubiesen distribuido equitativamente, todos los residentes habrían recibido dos dosis. Los dos restantes (Irán, 178, e Indonesia, 152) no han quedado demasiado lejos. En cuanto a las personas que han recibido refuerzo, tres (Sudcorea, 67; Alemania, 60, y España, 53) están por encima de la mitad de los residentes; Brasil (44) se acerca a esta cota e Irán (32) e Indonesia (18) se encuentran rezagados.

No he encontrado información sobre el esfuerzo financiero de los países que permitió alcanzar esas cifras de vacunación o la asistencia de salud prestada a los millones de enfermos y cientos de miles de fallecidos. Queda claro, sin embargo, que los efuerzos nacionales han sido enormes.

(¿Y México? podría alguien preguntarse. Bien, México, como dos de los seis, tiene más de 100 millones de habitantes; se acerca a los 2 millones de kilómetros cuadrados de extensión territorial; se encuentra, como los seis, entre las 15 mayores economías, y tiene un sistema de salud pública con amplios espacios para el mejoramiento y la inclusión. Puede reconocérsele capacidad humana y financiera para convertirse en un Estado de bienestar moderno y eficiente. Su administración de la pandemia ha sido tema central de discusión en estos años. Vendría detrás de los seis en número acumulado de casos, con 5.9 millones a fines de junio en la estadística global de la OMS. Con 325 mil decesos acumulados, quedaría sólo por debajo de Brasil entre ellos. México (con 162) habría sido el quinto de los seis en dosis de vacunación administradas por cada 100 residentes y, con 41, se habría acercado a los que han logrado aplicar refuerzos a casi la mitad de la población. Su esfuerzo nacional también ha sido formidable.)