Desde otras ciudades

En el barrio rojo de Hamburgo se encuentra una calle estrictamente reservada para el tránsito peatonal masculino. Se trata de la Herbertstrasse, la Calle Herbert. Son cerca de 100 metros de longitud que están delimitados por vallas de metal al principio y al final. Años atrás prendía algún cartel que indicaba dicha restricción para las mujeres y los menores de edad. Hoy en día, como atractivo turístico, es del dominio popular esta limitación.

Desde otras ciudades
Desde otras ciudades | Fuente: La Jornada
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▲ Jóvenes se dirigen a la Herbertstrasse. En la valla se anuncia un sitio en Internet en alemán que ofrece un salto a la infidelidad sin complicaciones.Foto Alia Lira Hartmann
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n el barrio rojo de Hamburgo se encuentra una calle estrictamente reservada para el tránsito peatonal masculino. Se trata de la Herbertstrasse, la Calle Herbert. Son cerca de 100 metros de longitud que están delimitados por vallas de metal al principio y al final. Años atrás prendía algún cartel que indicaba dicha restricción para las mujeres y los menores de edad. Hoy en día, como atractivo turístico, es del dominio popular esta limitación.

A derecha e izquierda de la angosta callejuela se encuentran trabajadoras sexuales para todos los gustos. Algunas están apostadas en pequeños balcones tipo escaparates, con esa especie de marca registrada para el oficio, una lámpara que emite una intensa luz roja. Las más jóvenes exhiben sus atractivas y delgadas figuras de pie; las más entradas en años y un poco más de carnes, sentadas cómodamente en algún banco, con un dejo de aburrimiento, aunque luciendo también seductoras prendas íntimas femeninas.

La limitación al tránsito femenino por la Herbertstrasse no deja de ser un reto para aquellas congéneres a quienes enfrentar un riesgo genera una movilización de los depósitos de adrenalina de difícil control.

Camuflada bajo indumentaria masculina, por más veloz que sea el recorrido, la arriesgada recibe no sólo una letanía de palabras insultantes, puede terminar el recorrido empapada al recibir un cubetazo de agua de las inquilinas.

El contexto histórico de esta famosa calle está ligado a la prohibición que durante el nacionalsocialismo existía para la práctica del servicio sexual. Dado que fue imposible lograrlo para todo el barrio de San Pauli, que ha albergado siempre esta zona de tolerancia, fue entonces que el gobierno nazi delimitó a una calle el espacio permitido con las dos barreras de metal y así ocultar a la vista de los peatones a las trabajadoras sexuales.

El nombre de esta calle no alude a un personaje de prominencia especial. Es la impronta masculina que se dio a esa zona, Herbert podría traducirse Eberto; a un extremo cruza la Davidstrasse –Calle David– al otro, la Gerhardstrasse –Calle Gerardo–.

A ambos extremos, los numerosos bares ofrecen a su clientela una amplia variedad de bebidas para refrescar y retomar el aliento en caso de que el esfuerzo invertido en la visita revele muestras de agotamiento.

Se tiene reportado que son alrededor de 200 mujeres que ofrecen sus servicios como trabajadoras autónomas y rentan los cuartos disponibles en la Herbertstrasse. También es sabido que la administración de estos inmuebles se encuentra en manos femeninas. En el barrio de San Pauli, punto neurálgico de la zona roja de Hamburgo, también sobre las calles, se encuentran apostadas trabajadoras sexuales que ofrecen al paseante sus servicios.

Las mujeres de la Herbertstrasse cuentan con reputación de mayor exclusividad. La fama que adquirió una de ellas en los años 80 contribuyó a mitificar este espacio. Domenica Neinhoff (1945-2009) se comprometió socialmente por la legalización de los servicios de las trabajadoras sexuales, llevó a cabo servicios de asistencia para mujeres con farmacodependencias o que pretendían salir de la escena y emplearse en otro rubro.

Alia Lira Hartmann, Corresponsal