¿A dónde van los desaparecidos? 
¿A dónde van los desaparecidos?  | Fuente: El Sol de México

Por Irelyd Soto.


Esta es la frase de una estrofa muy emblemática de la canción “desapariciones” del cantautor Rubén Blades. Es una consigna con la que se cuestiona y se demanda a su vez, alzando la voz contra las desapariciones forzadas perpetradas por las dictaduras militares en América Latina y que actualmente resuena tanto por ser la pregunta que día con día tiene un mayor eco en nuestra sociedad mexicana, que permanece ligada a la memoria individual y colectiva de quienes tienen a un familiar desaparecido cuyo paradero es incierto.

En México identificamos que la desaparición forzada comenzó a manifestarse con gran fuerza en periodos como La Guerra Sucia de los años 70’s, donde existió una fuerte persecución y represión por parte del Estado, y la guerra contra las drogas desde 2006, a lo que hoy se suman el secuestro y el feminicidio.

Con datos del Gobierno de México, se tiene que fue en 1964 cuando se registró la primera persona desaparecida en nuestro país y desde entonces esta cifra no ha parado de crecer, pues resulta que para 2022 se contabilizan a más de 100 mil personas desaparecidas según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas o No Localizadas.

No obstante, esta cifra es ampliamente discutida por no reflejar datos más precisos sobre la cantidad de personas que presentan este estatus legal, ya que, tomando en cuenta las personas que no aparecen en los registros, como total nos puede dar una suma que dobla o triplica lo oficialmente establecido.

Lo anterior nos da como resultado un Estado de Derecho frágil y un tejido social desgarrado debido a la zozobra que viven las y los familiares de personas desaparecidas, así como de la sociedad en general, donde se ha gestado ya un pánico generalizado, haciendo que los caminos hacia la paz se vean obstruidos casi en su totalidad.

El acceso a la justicia, a la verdad y a la atención a las víctimas son compromisos que no hemos visto plasmados en acciones y deja sin cumplir la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, desaparición cometida por particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas.

Lo que necesitamos es más empatía y acompañamiento a las víctimas y un verdadero compromiso para con la causa de familiares y colectivos que luchan día a día. Hay diversos mecanismos: la ONU emite recomendaciones y la opinión pública demanda justicia, pero para las familias que tienen a un ser querido desaparecido no hay descanso, puesto que la verdadera justicia llegará el día en que sus familiares encuentren el camino de vuelta a casa y en que puedan volverlos a abrazar.

Por Irelyd Soto.


Esta es la frase de una estrofa muy emblemática de la canción “desapariciones” del cantautor Rubén Blades. Es una consigna con la que se cuestiona y se demanda a su vez, alzando la voz contra las desapariciones forzadas perpetradas por las dictaduras militares en América Latina y que actualmente resuena tanto por ser la pregunta que día con día tiene un mayor eco en nuestra sociedad mexicana, que permanece ligada a la memoria individual y colectiva de quienes tienen a un familiar desaparecido cuyo paradero es incierto.

En México identificamos que la desaparición forzada comenzó a manifestarse con gran fuerza en periodos como La Guerra Sucia de los años 70’s, donde existió una fuerte persecución y represión por parte del Estado, y la guerra contra las drogas desde 2006, a lo que hoy se suman el secuestro y el feminicidio.

Con datos del Gobierno de México, se tiene que fue en 1964 cuando se registró la primera persona desaparecida en nuestro país y desde entonces esta cifra no ha parado de crecer, pues resulta que para 2022 se contabilizan a más de 100 mil personas desaparecidas según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas o No Localizadas.

No obstante, esta cifra es ampliamente discutida por no reflejar datos más precisos sobre la cantidad de personas que presentan este estatus legal, ya que, tomando en cuenta las personas que no aparecen en los registros, como total nos puede dar una suma que dobla o triplica lo oficialmente establecido.

Lo anterior nos da como resultado un Estado de Derecho frágil y un tejido social desgarrado debido a la zozobra que viven las y los familiares de personas desaparecidas, así como de la sociedad en general, donde se ha gestado ya un pánico generalizado, haciendo que los caminos hacia la paz se vean obstruidos casi en su totalidad.

El acceso a la justicia, a la verdad y a la atención a las víctimas son compromisos que no hemos visto plasmados en acciones y deja sin cumplir la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, desaparición cometida por particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas.

Lo que necesitamos es más empatía y acompañamiento a las víctimas y un verdadero compromiso para con la causa de familiares y colectivos que luchan día a día. Hay diversos mecanismos: la ONU emite recomendaciones y la opinión pública demanda justicia, pero para las familias que tienen a un ser querido desaparecido no hay descanso, puesto que la verdadera justicia llegará el día en que sus familiares encuentren el camino de vuelta a casa y en que puedan volverlos a abrazar.